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Londres, 22 abril 2015

Es asombroso observar como de un tiempo a esta parte casi todos los aeropuertos que visitas han incorporado esta tendencia de avasallar a los pasajeros con tiendas duty free interpuestas de manera harto discutible al paso de los pasajeros que se dirigen hacia sus puertas de embarque.

No han pasado muchos años desde que tuve la oportunidad de participar en el diseño y configuración de las áreas comerciales de la por entonces iba a ser nueva T4 en Barajas, y siempre supimos de lo importante que es en estos negocios la venta por impulso. Pero no eran todavía tiempos para permitir nada más allá de una buena colocación frontal o una longitud suficiente de escaparate en las áreas de circulación más frecuentadas. Pero de entonces acá, hemos visto como Aena en España, pero también por sistema el resto de las grandes compañías de explotación de aeropuertos, han sucumbido a la tentación y han decidido introducir directamente a todo el flujo de pasajeros procedente de los controles de seguridad o de pasaportes dentro de las tiendas. Forzando a veces, no solo el agobio de la mercancía interpuesta sino obligando a veces a recorridos largos a su través.

Las últimas remodelaciones de la T4, pero también Málaga, Palma y muchas otras en España, las diferentes terminales de Heathrow o Gatwick, la estupenda última remodelación de Lisboa, Fiumicino, Munich o Franckfurt han ido cayendo inexorablemente a la tendencia, y todos provocan la venta interponiéndose sin ningún respeto en el tráfico de todos los pasajeros usuarios.

No creo que esta sea fórmula con futuro a largo plazo. Ya sabemos que los aeropuertos han descubierto que los ingresos comerciales pueden y deben superar los estrictamente aeronáuticos. Y esto no va a cambiar. Pero no parece razonable que sea al precio actual. Veremos progresivamente reacomodarse las áreas duty free a situaciones con buena exposición y fácil acceso, pero respetando áreas de circulación despejadas y fuera del ámbito comercial para que los pasajeros que no lo deseen no deban circular por ellas.

Al fin y al cabo toda esta tendencia me recuerda la que tuvimos en algún momento en los centros comerciales, donde, por asegurar buenos tráficos y flujos delante de longitudes crecientes de mol, terminábamos colocando escaleras y núcleos de comunicación alejados, forzando innecesariamente los recorridos. Su mal funcionamiento posterior demostró que el confort y la satisfacción del cliente deben primar sobre estos excesos.

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